Oh, madero lacerante
que compensas con desdicha
tu intelecto, tan faltante
(como escasa es tu picha)
con golpes y con insultos
a los púberes y ancianos,
pasándote toda ley
por tu sucio entrenalgado.
Al abrigo te proteges
de una justicia ciega
a los hechos y verdades
que sin lógica nos niega.
Reviente pues tu dentado,
salten y exploten tus ojos
pues no hay cerdos más malvados
ni más deshonrosos despojos
que tú y tu tropa salvaje
de animales asquerosos.